Los beneficios del teatro

Por Teo Flores

Siempre he pensado que los creadores escénicos debemos tener mucho cuidado cuando realizamos una obra teatro y, en especial, si va dirigida al público infantil. Hace unos años, le realicé una entrevista al reconocido director y dramaturgo cubano Salvador Lemis, para la investigación que me llevó a obtener el título profesional de Licenciado en Teatro, él me dijo que nunca debemos utilizar los conflictos o traumas personales para llevarlos a escena, porque el público infantil es muy sensible y no tiene ninguna responsabilidad de lo que nos haya pasado.

 

He participado en más de veinte obras de teatro para niños como actor y, desde el 2012, he escrito, dirigido y actuado más de diez proyectos propios con mi compañía Títere Planet. He acumulado experiencias, vivencias y muchas convivencia con niños, padres de familia y maestros de nivel básico.

En el año 2012 me encontraba presentando la obra “Juan en la Ciudad hechizada”, el personaje principal era un niño de 8 años al que no le gustaba estudiar, ni ayudar en las labores del hogar. Era un holgazán y desobligado.

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Al terminar una función, salí del teatro y me encontré a una señora con un niño esperándome en la puerta; se acercaron a mí, el pequeño me entregó el programa de mano y la mamá me dijo: me pidió que escribiera esto, porque él aún no sabe escribir, pero lo firmó con un dibujo. Decía “me gustó mucho la obra, pero tienes que portarte bien”. Abajo el niño había hecho un dibujo, que era la forma en la que él había firmado la nota. Yo sonreí y le dije al pequeño que de ahora en adelante me iba a portar bien porque ya había aprendido la lección.

Cada vez que se producía una respuesta así de los niños, confirmaba que el mensaje de la obra era claro y que se identificaban con el personaje principal, por lo tanto se atrevían a darme consejos.  

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Había ocasiones en las que salía del teatro y los pequeños andaban caminando como mi personaje Juan, de puntitas, con brinquitos; esto se produce por la capacidad que tienen los niños de jugar e imitar lo que ven. Cuando algo les gusta, transforman su estado de ánimo y lo ponen en práctica. De todos los tipos de público que existen ellos son los únicos que, aun cuando ya no tienes el vestuario, te siguen viendo como el personaje.

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Hace algunos años escribí y llevamos a escena “Ana al derecho y al revés”, otra obra para niños que trata el tema del divorcio (sin mencionarlo expresamente), desde la mirada de una niña.

Después de una función me enteré del caso de una señora que había asistido a ver la obra con sus hijos y que salió molesta porque nadie le había avisado que el tema que trataba era el divorcio. En su familia se vivía esta situación y los niños le preguntaron “¿dónde está papá?” La obra despertó en los pequeños una inquietud o valor para cuestionar sobre la situación que vivían en su propio hogar.

La comunicación entre padres e hijos es vital durante el desarrollo de los niños y debemos generar un ambiente de confianza para que se produzca. Considero que uno de los más grandes errores que cometen los adultos (como también lo plantea la obra “Ana al derecho y al revés”) es pensar que los niños no se dan cuenta de las cosas, o que tal vez no entienden lo que los adultos hablamos, o creemos que no escuchan o no dirán nada. Pero los niños son tan inteligentes como cualquier joven o adulto, es más, sus sentidos son más receptivos. Los pequeños, desde su perspectiva, son capaces de entender algunos aspectos, más que sus propios padres. El teatro puede generar en los niños, en un ambiente de armonía, esa posibilidad de interacción poco probable en la convivencia cotidiana.

Otra experiencia importante fue la inclusión de una niña en silla de ruedas en la obra Momo (2015), los niños preguntaban que, si el personaje podía caminar, la actriz contestaba que no. La obra en un ambiente de inclusión y solidaridad desarrolla una historia que sorprende a los pequeños, porque se percatan de todo lo que puede hacer una persona con capacidades diferentes.

En uno de los shows que presentamos como divertimento en eventos especiales y escuelas, incluimos un número musical de uno de los compositores de canciones infantiles más reconocidos: Francisco Gabilondo Soler. Los niños casi no lo identifican con este nombre, sino por su seudónimo Cri crí; siempre les pregunto si conocen alguna de sus canciones. En una ocasión una niña de aproximadamente 3 años me contestó que se sabía una: la de “Cri-criminal” (canción del puertorriqueño Ozuna, del género musical reguetón). Mi reflexión estaba ahora centrada en la música que los niños escuchan, así como las piezas y los programas que los adultos les permiten ver.

Considero que la infancia es una etapa que los niños deben disfrutar y, por lo tanto, estar rodeados de juegos, lecturas y música apropiada para su edad. Las obras de teatro hechas por creadores con experiencia en esta etapa de la vida, seleccionan cuidadosamente lo que se va a presentar y la influencia que puede tener.

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En el año 2017 realizamos una adaptación de la novela El Principito, a la que le llamamos Un viaje más. Nuestra versión incluía una escena de un personaje que no está en la novela original: “El niño de la tecnología”. Se trata de un anciano de 96 años que cree que aún tiene 3, porque fue el momento en el que recibió de sus padres una tablet como regalo. A partir de ese momento el niño nunca más volvió a despegar la mirada de la pantalla, se le fue la vida en ese aparato.

Definitivamente es una de las escenas más importantes de la obra y con el que el público de todas las edades se identifica; podíamos oír risas nerviosas o voces que decían “como tu papá” o “se parece a mí, mamá”. Nuestro trabajo como creadores no concluye cuando se cierra el telón, sino en el momento en el que el público se conecta y se mira en los personajes. Cuando los niños se identifican y reaccionan, estamos cumpliendo con la maravillosa tarea que significa hacer teatro.

De esta manera, el teatro para niños constituye una herramienta invaluable para generar aprendizaje, desarrollar valores, abrir canales de comunicación y recuperar esa convivencia social que los tiempos modernos parecen habernos quitado. Definitivamente los pequeños que asisten y aprecian el teatro, pueden ser mejores ciudadanos.

 

Teo Flores Herrera

Licenciado en Teatro

Maestro del Centro Estatal de Bellas Artes

Actor, productor y director de escena

Director general de Titereplanet.

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