Aprendiendo con robótica

¿Te has planteado alguna vez si tus hijos deberían aprender robótica? ¿Es necesaria esta nueva rama de la ciencia? ¿Qué lo diferencia de la mecatrónica u otras áreas similares? Quizás son muchas las dudas que acompañen esta línea de pensamiento, como es probable que también, se cuestionen en tópicos como, por ejemplo, ¿todos los niños deberían aprender sobre robótica?, o ¿simplemente aquellos que muestren coeficiente intelectual para desenvolverse en esta rama de la ciencia?

 

Cuando pensamos en un taller o curso para nuestros hijos podemos indagar sobre varios aspectos, seguramente el primero de ellos, como padres, es que se lo pasen bien, mientras se busca fomentar su desarrollo intelectual. Con la robótica los niños disfrutan de actividades lúdicas, ya que para ellos es como un juego en el que hay dos partes, primero una parte de construcción de un modelo y por otro lado pueden hacer que ese modelo cobre vida independiente, cosa que hasta ahora no podía hacer ningún juguete de su entorno, lo cual les entusiasma. Actualmente la educación está en un proceso de constantes cambios, en gran parte porque la misma sociedad lo demanda y en otra porque el mercado laboral actual exige una educación diferente, una que permita cubrir las nuevas necesidades que surgen cada día.

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Y es que los niños nacen siendo científicos en potencia, con una elevada curiosidad por el mundo que les rodea; y es este el motivo donde la robótica es una alternativa agradable a tener en cuenta, ya que supone un paradigma al estudio clásico, en donde los niños, en lugar de ser un mero oyente en una clase, pasa ser el protagonista de un juego de construcción que le permite dar rienda suelta a su imaginación y creatividad mientras trabaja su comprensión lógica sobre las nuevas tecnologías.

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La robótica fomenta la imaginación de futuros hipotéticos, el razonamiento, la lógica, entre otros factores, lo que ayuda a afrontar la resolución de problemas y el modo en que nos enfrentamos a ellos. Con cada nuevo descubrimiento, se desarrollan las aptitudes y se genera una base más sólida en la autoestima de los pequeños, al fomentar la seguridad sobre el proceso de aprendizaje, “preguntar” es mejor que quedarse callado, siendo una característica importante que les permitirá superar las frustraciones que puedan encontrar en el futuro.

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